Fundación Argentina para la Poesía

Historia

El 24 de diciembre de 1965, en una reunión con que despedían el año los integrantes de la Peña del Cenáculo en la Galería Nexo, Viamonte 458 –sede hoy de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos (SAAP)–, dos de ellos, los poetas Rubén Vela y Carlos Alberto Débole –éste último, además, propietario reciente de la esa galería, hasta poco ante Galería Rubio, dedicada mayormente a la exposición de cuadros pero también a la actividad editorial– propusieron la creación de una entidad cuyo fin fuese proteger, estimular y difundir la poesía.

La idea cayo en terreno fértil entre los miembros del “Cenáculo”, existente, como es natural a través de otras personas, desde 1933 y que agrupaba, en especial, a ex compañeros de estudios secundarios; el presidente del grupo, el odontólogo Nicolás Carlos Dodero, admitió ponerse al frente de la institución esbozada, cuya organización formal quedó establecida a mediados del año siguiente, cometido que habría de llevarlo a asumir por décadas un relevante papel en el ámbito poético argentino por medio del mecenazgo acaso más destacado entre cuantos han surgido entre nosotros con el propósito de ensalzarlo y sustentarlo.

Lo acompañaron en la primera comisión directiva Vela como vicepresidente y Débole como secretario, y Fioravante Felice como tesorero. Fueron vocales Norberto Berdía, Ricardo Bernachi, Carlos Alberto Calegari, Adolfo Chamorro, Juan Carlos Christensen, Carlos A. Defilippis Novoa, Domingo Felice, Israel Katzman, Arturo Martínez Azaro, Eloy Montes Benítez, Patrocinio Adolfo Mora, Carlos Antonio Morrión, Diego Naveyra, Angel Sorlino. Orlando Travi y Alberto Jorge Urbaneja, junto con los poetas Alfredo A. De Cicco, Ricardo Mosquera Eastman, Sigfrido Radaelli y Emilio Zolezzi, únicos cultores directos, además de los mencionados Vela y Débole, de la noble aspiración que daba sentido a la labor que a partir de ese momento encararía ese conjunto de espíritus generosos y solidarios.

En esa mayoría de no poetas radicaba, asimismo, una de las claves del criterio rector que presidiría la actividad la Fundación: se trataba de aunar esfuerzos para la poesía y los poetas, no de la poesía y los poetas. Los miércoles, en el segundo subsuelo de la galería Nexo comenzó, entonces, el ciclo de trabajos, de deliberaciones, de trazado de proyectos y de exposición de iniciativas tendientes al cumplimiento de esas finalidad, en reuniones cerradas a las que se accedía por invitación y que habrían de llegar a ser clásicas al cabo de los años.